miércoles, 6 de febrero de 2013

El bosque petrificado

En Agosto del año 2008 estuvimos recorriendo más de 8000 Km. por parte del Oeste de los Estados Unidos. Por aquel entonces sólo había nacido Adrià, nuestro primer hijo y tenía un año y dos meses.

Adrià seguía muy bien el ritmo del viaje y como nos sobraban días según el recorrido planificado, decidimos ampliarlo. Desde Arizona nos fuimos hasta Nuevo México y en el camino topamos con el Parque Nacional Petrified Forest (Bosque Petrificado) del que no sabíamos mucho antes de visitarlo pero que nos sorprendió gratamente. 

Este parque, ubicado al este del Estado de Arizona, es un bosque prehistórico fosilizado. Millones de años atrás esta zona hoy desértica, era húmeda y estaba repleta de ríos cuyas corrientes arrastraron árboles hasta los pantanos que cubrían toda la región. 

Nada más entrar en el parque encontramos el Centro de Visitantes donde se explica el fenómeno de fosilización de la madera que se producía bajo tierra cuando ésta quedaba enterrada por los sedimentos. El agua de los ríos, rica en minerales, se filtraba y éstos se iban depositando lentamente hasta que la materia orgánica de la madera se descomponía y se formaba un molde de roca mineralizada en su lugar.

Tronco de árbol petrificado
Minerales en el árbol
Minerales
Desde el Centro de visitantes parten varios caminos para descubrir el parque. Paseando entre rocas y árboles petrificados hace más de cien millones de años empezamos a ser conscientes de la fuerza de la naturaleza, de su capacidad de cambiar el lugar, capaz de convertir con constancia la madera en piedra, y nos maravilla pensar cómo se ha modificado el paisaje en millones de años, pasando de ser una zona húmeda y pantanosa a un árido desierto.

El recorrido es corto y perfectamente accesible con niños y sillitas de bebé, aunque en algunas zonas según las irregularidades del terreno habrá que hacer mayor esfuerzo.


Tronco y raíces de árbol "mineralizadas"

Continuando con el coche por el parque, atravesaremos el Painted Dessert (Desierto Pintado) circulando durante 45 kilómetros aproximadamente por una carretera panorámica entre montículos de arena y rocas que cambian de tonalidad desde el azul al rojo, según la luz del día y los tipos de minerales depositados.

Diferentes tonalidades entre azul y rojo 
Painted Desert
Painted Desert. En la parte inferior de la fotografía se observa restos de troncos de árboles

Adrià se había quedado dormido en el coche, pero eso no impidió que pudiéramos disfrutar del desierto porque en la misma carretera existen numerosos miradores, donde paramos para tomar fotografías sin tener que despertarlo. Además de los miradores "oficiales", la circulación de coches es muy escasa y eso permite poder parar en el lateral de la carretera en cualquier momento para tomar fotografías.

Carretera panorámica a través del Painted Desert
Existen algunos senderos para recorrer con indicaciones expresas advirtiendo el uso de botas debido a que esta zona es uno de los hábitats de la serpiente cascabel. 



domingo, 3 de febrero de 2013

Ventajas de viajar en Ferry

En el verano del año 2010 disfrutamos de dos semanas en la agradable Cerdeña (Italia) y que os contaremos detenidamente en otros posts. Fue nuestra primera experiencia en ferry en familia (anteriormente habíamos ido a Génova desde Barcelona para iniciar nuestro recorrido de viaje Interrail).

Nos presentamos en la terminal indicada del puerto de Barcelona con una antelación de unas dos o tres horas y estacionamos el coche en la cola para el embarque a Porto Torres (Cerdeña). Nos dirigimos a las oficinas de Grimaldi Lines para realizar el check-in, os recomendamos ir con tiempo porque las colas son considerables. Después vuelta al coche y a esperar hasta que todos los camiones y coches empiezan a ir entrando al barco.

Para cualquiera, pero sobretodo para una familia donde todo el equipaje (y accesorios) se multiplica y además, en unas vacaciones de playa donde, según gustos, pueden llegar a sumarse infinidad de accesorios playeros... la ventaja principal de viajar en ferry es el hecho de poder empacar todo en maletas y bolsas varias y colocarlo en el maletero del coche y no tener que deshacerlo hasta la llegada a nuestro destino, y de este modo, viajar a Cerdeña se convierte en lo mismo que viajar al apartamento de playa.

El viaje de Barcelona a Porto Torres dura unas 12 horas aproximadamente, el de ida se hace por la noche y el de vuelta durante el día. Para los que viajáis en familia, sobretodo, contemplad la posibilidad de reservar un camarote. Nosotros lo amortizamos en los dos trayectos, el de ida obviamente por viajar de noche y el de vuelta porque embarcar a las 6 de la mañana significa que se tiene que estar como a las 3 o 4 de la madrugada en el puerto para el check in, así que en cuanto subimos al barco nos fuimos al camarote y dormimos unas cuatro horas. Y después de comer, otro rato más. Eso hizo que el viaje se hiciera más corto para todos. Y aunque los salones del barco son muy agradables e incluso hay una sala a modo de pequeño chiquipark donde hay una casita y los niños pueden jugar, en el camarote pasamos mucho rato viendo películas en el ordenador, leyendo y jugando.

Importante: hay que preparar una bolsa con lo que necesitéis en el barco (ropa, medicamentos, comida si no quieres consumir en los restaurantes del barco.... porque no está permitido ir al coche mientras se está navegando).

Y aunque, en este caso era claro que teníamos que llegar en barco o avión a Cerdeña por ser un destino insular, nos planteamos viajar en barco con nuestro coche en futuros viajes a Italia (Umbría, Costa Amalfitana,....), Reino Unido o donde las conexiones lo permitan porque aun pudiendo llegar por carretera, en el barco se viaja durmiendo o descansando y se evitan grandes kilometrajes iniciales antes de llegar a la zona a recorrer. Además hay que valorar por un lado los costes del traslado en ferry y por otro los costes de peajes y gasolina, y también el ahorro en el alquiler del vehículo que hay que sumar si viajas en avión y, en su caso, en las sillitas de seguridad infantiles (que ya llevamos en nuestro coche).

Llegando a Barcelona

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